miércoles, 8 de septiembre de 2010

Soledad

Ahí estaba yo, en la soledad de esa habitación que poco a poco se derrumbaba ante mí, que se encogía poco a poco presionando mi cuerpo entre las 4 paredes que parecían gotear sangre desde el techo. De repente, se iluminó una luz sobre mi rostro pálido y asustadizo. Estaba atemorizado, ante su mirada, perplejo y anonadado, sin saber qué hacer. No podía moverme, no podía apartar la mirada de ella. Quería despertar, pero no me dejaba. Una extraña fuerza me atraía, no podía reaccionar, ni siquiera podía estremecerme del miedo que sentía en ese momento, se escuchó un susurro y entonces todo terminó. Comprendí que era esa extraña sensación de la que hablan; cuando desapareces de la tierra, cuando necesitas hablar con alguien como el comer, cuando necesitas un abrazo para poder seguir adelante, cuando sientes que si no sales de ella, ella te absorberá.

No hay comentarios: